EL AÑO DE ELOISA

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eloisa110La tenista cántabra de 19 años afincada en Getxo asciende en nueve meses del puesto 523 al 298 del mundo y gana el campeonato de España tras recuperar su estilo de juego.

Eloísa Compostizo (19 años, Santander) todavía se asombra cuando pasa por delante del tablón de anuncios de su club de tenis, Jolaseta. Alguien colgó allí hace unos días dos avisos. El primero de ellos se felicita de que la joven cántabra, que se entrena en las instalaciones, se ha proclamado campeona de España absoluta. 
Eloísa Compostizo (19 años, Santander) todavía se asombra cuando pasa por delante del tablón de anuncios de su club de tenis, Jolaseta. Alguien colgó allí hace unos días dos avisos. El primero de ellos se felicita de que la joven cántabra, que se entrena en las instalaciones, se ha proclamado campeona de España absoluta. El último, un recorte de un periódico, muestra a la joven, que exhibe una inmensa sonrisa, con el trofeo de ganadora.
 
A Eloísa le sorprende porque no siempre fueron tan bien las cosas. Hace apenas un año, en septiembre de 2006, tras dos malos años, se convenció de que tenía que cambiar de dinámica si quería cumplir su sueño, llegar a la élite. Meditó qué tenía que cambiar: dejó a su entrenador, se matriculó en Ingeniería Industrial (el 'plan b', explica, si el tenis no va bien) y apostó por volver a jugar como hacía antes. Nada de ganar rápido los puntos. Lo suyo, dice, es aguantar, desesperar al rival y, sólo cuando ésta empieza a estar fuera de sus casillas, iniciar la ofensiva. Por eso, doce meses después, cuando pasa por delante del tablón de anuncios, pocas veces se resiste a no echar un ojo.eloisa_09_2007_150

Eloísa se proclamó campeona de España contra todo pronóstico. La tenista había vuelto a los entrenamientos tan sólo diez días antes de esa competición. Unos problemas físicos le habían obligado a parar en pleno verano. Además, tenía otras preocupaciones. Los exámenes de septiembre se acercaban y debía sacar cualquier hueco para estudiar. Por eso se fue a Albacete, donde se desarrolló la competición, «sólo a probar suerte» y con los apuntes de física y cálculo en el equipaje.

«El primer partido fue horrible. Perfectamente podría haberlo perdido. No me sentía bien, hacía viento... ¿Pero gané!», recuerda. Poco a poco, empezó a superar las rondas, a recuperar buenas sensaciones. Pero las preocupaciones de Eloísa estaban lejos de las pistas. Necesitaba hacer bien los exámenes de septiembre. Ésa era la prioridad. El primer curso le obligaba a superar un mínimo de asignaturas. Si no aprobaba al menos una materia más, se vería obligada a abandonar la carrera. «Normalmente los partidos eran a las doce. Así que me levantaba a eso de las 9:30, desayunaba y jugaba. Luego, tenía toda la tarde libre para estudiar».

A Eloísa, que confiesa que siempre ha sido una chica de «ciencias», le costó lo suyo dedicar su tiempo libre a las integrales. «Estudiaba todo lo que podía, pero en seguida me cansaba. Como mucho, sacaba tres horas al día. No sabes lo que cansa estar sentada un buen rato después de un partido».

Mientras ella 'chapaba', su preparador, José Ignacio Rico, con el que había vuelto a entrenar tras dos años separados, dedicaba la tarde a espiar a las rivales. Se fijaba en su juego para luego explicarle a su pupila cómo se podría ganar. La estrategia dio sus frutos. Eloísa alcanzó la final y venció (6-4 y 6-3) a la catalana María José Martínez, que partía como cuarta de serie. Además, en su camino hacia la final, había eliminado a jugadoras de nivel como Yera Campos, Arantxa Parra y Eva Fernández. El director deportivo de la Federación Española, Javier Duarte, se rindió a la evidencia: «La juventud ha ganado a la experiencia», proclamó al concluir el campeonato, que lo habían ganado Almagro (22 años), en categoría masculina, y Eloísa, en la femenina.

El pulmón de Eloísa

«La carrera deportiva de mi hija no ha sido un camino de rosas». La madre de Eloísa, Amparo, es una pieza clave en el juego de la cántabra. Sus rivales, cuando se enfrentan con la tenista, sólo esperan medirse a la joven de 19 años. Hasta que de pronto, empiezan a oír un zumbido desde la grada. Es Amparo, que siempre acompaña a su hija a los torneos, que no para de animarla. Es el pulmón de Eloísa, la que le da oxígeno cuando no puede más. Y ahora, a pesar de que todo va bien, la mujer se acuerda de los malos momentos. Todavía no olvida las críticas que, hace apenas un año, recibía el estilo de juego de su hija, las «pocas» ayudas que asegura que ha recibido y «los grandes esfuerzos de la familia para que todo vaya bien». Pero también sonríe cuando se acuerda de los miles de kilómetros que ha completado junto a Eloísa, en un todoterreno, de campeonato a campeonato: «Un verano llegamos a recorrer 10.000 kilómetros en un mes y medio. No parábamos: de Sevilla a Madrid, de allí a Bilbao, de vuelta a Madrid, Badajoz...». Y su hija, claro, lo agradece: «Le encanta acompañarme, siempre viene conmigo. Me anima y si hago algo mal, me regaña».

Eloísa prepara estos días los últimos torneos del año para seguir escalando posiciones en la clasificación mundial de la WTA (ya ocupa la posición 298 del mundo, tras empezar el año en la 523). Si lo logra, podrá cumplir su objetivo, jugar las rondas previas de Roland Garros. Y por qué no, llegar a la fase final del torneo. ¿Le acompañará su madre? «Por supuesto».

Fuente: El Correo Digital - 23.09.07 - LUIS ANSORENA

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